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    Malingas: los petroglifos de Piura y el extraño incidente que desconcertó a unos investigadores

    En Tambogrande existen antiguas piedras grabadas que guardan preguntas sobre el pasado. Pero uno de los relatos más llamativos de Malingas no se refiere únicamente a sus figuras: habla de equipos que dejaron de funcionar durante una investigación y que, según el testimonio recogido, volvieron a funcionar al alejarse del lugar.

    Un hallazgo que despertó curiosidad

    Malingas, ubicado en el distrito de Tambogrande, en Piura, alberga diversos vestigios de arte rupestre. Los petroglifos son grabados realizados sobre superficies rocosas y permiten acercarse a las expresiones simbólicas de las poblaciones que habitaron estos territorios.

    Las investigaciones difundidas desde 2011 señalaron que algunos de estos vestigios podrían tener varios miles de años de antigüedad. Sin embargo, su datación y significado requieren cautela: no todos los grabados han sido estudiados con la profundidad necesaria para establecer conclusiones definitivas.

    El incidente del cerro Morán

    En noviembre de 2011, RPP publicó un reportaje sobre los misterios relacionados con los petroglifos de Malingas. Entre los relatos recogidos figuraba la experiencia del investigador Daniel Dávila durante una visita al cerro Morán.

    Según su testimonio, mientras el equipo intentaba ubicarse mediante GPS, el dispositivo dejó de funcionar. También relató que las pilas de una cámara, que estaban cargadas, se descargaron; una radio no conseguía captar frecuencias y los teléfonos celulares tampoco funcionaban con normalidad.

    Lo que más llamó la atención del grupo fue que, de acuerdo con el mismo relato, los equipos volvieron a funcionar después de abandonar el lugar.

    El episodio resulta intrigante, pero es importante distinguir entre un testimonio y una explicación científica. La publicación no demuestra que los equipos fallaran por una causa paranormal, ni permite establecer con certeza qué provocó el incidente.

    Las luces que algunos pobladores dicen haber visto

    El reportaje también recogió relatos de habitantes del sector de Platillos que afirmaban haber visto luces salir de los cerros y objetos voladores que no lograban identificar.

    Estas declaraciones forman parte de las historias locales asociadas a Malingas. No obstante, no constituyen por sí mismas una confirmación de fenómenos sobrenaturales.

    Precisamente ahí reside el interés del tema: existen relatos que despiertan preguntas, pero todavía es necesario separar las experiencias narradas de aquello que puede verificarse.

    Tres petroglifos reconocidos como paisajes arqueológicos

    El misterio de Malingas no se limita a los relatos. Su patrimonio arqueológico también ha recibido atención oficial.

    En 2025, los petroglifos conocidos como El Mono, Tres Lanzas y Laberinto fueron declarados paisajes arqueológicos con protección provisional por el Ministerio de Cultura. Esta medida busca contribuir a su preservación y al reconocimiento de su valor cultural.

    Estos grabados son importantes porque conservan huellas materiales de las poblaciones del pasado. Su estudio puede aportar información sobre las prácticas, representaciones y relaciones culturales de quienes habitaron la zona.

    ¿Misterio o una explicación que todavía desconocemos?

    La historia de Malingas reúne dos elementos que despiertan curiosidad: antiguos grabados cuyo significado aún se investiga y un testimonio sobre fallas de equipos durante una exploración.

    No es necesario afirmar que existe una presencia sobrenatural para reconocer que el relato resulta inquietante. Tampoco sería correcto presentar una experiencia aislada como prueba de actividad paranormal.

    Quizá la pregunta más interesante sea esta: ¿qué ocurrió realmente durante aquella investigación?

    Por ahora, el incidente permanece como un testimonio publicado, mientras que los petroglifos continúan siendo parte del patrimonio arqueológico de Piura.

    En Piura Oculta exploramos historias, lugares y relatos que despiertan preguntas, distinguiendo siempre entre los hechos documentados y aquello que todavía no tiene explicación.

  • Lugares

    Cerro El Ereo: las luces nocturnas y los relatos que alimentan su misterio

    En el paisaje de Piura hay lugares que destacan no solo por sus características naturales, sino también por las historias que las comunidades han transmitido durante generaciones, el cerro El Ereo es uno de ellos.

    Ubicado en el ámbito de influencia de Tambogrande y Las Lomas, este cerro aparece en relatos locales que hablan de luces intermitentes, cantos nocturnos y una antigua relación entre el paisaje y las creencias de sus habitantes.

    Un cerro que destaca en el paisaje piurano

    El Ereo es una elevación natural que forma parte del paisaje del norte de Piura. Un inventario turístico elaborado por investigadores de la Universidad Nacional de Trujillo lo describe como un recurso natural ubicado en el ámbito de Tambogrande, con laderas donde crece vegetación característica del bosque seco.

    Su silueta ha llamado la atención de quienes lo observan desde distintos puntos de la región. Sin embargo, su importancia no se limita al aspecto geográfico: también aparece en relatos sobre la identidad y las tradiciones de las comunidades cercanas.

    Las luces que aparecían en la oscuridad

    Una crónica de Nelson Peñaherrera Castillo, publicada en el marco de un proyecto de exploración cultural del norte peruano, recoge relatos sobre luces que se encendían y apagaban en el cerro durante la noche.

    La descripción compara aquellos destellos con pequeñas luces intermitentes visibles en la oscuridad. Para quienes conocían las historias del lugar, estas observaciones reforzaban la percepción de que El Ereo era un espacio singular.

    No obstante, el relato no aporta mediciones ni investigaciones que permitan establecer qué originaba las luces. Por ello, no es posible afirmar que fueran manifestaciones sobrenaturales.

    Cantos y recuerdos de un lugar sagrado

    La misma crónica recoge testimonios de pobladores que recordaban haber escuchado cantos en los alrededores del cerro cuando la zona estaba menos poblada.

    Estas narraciones se relacionan con la idea de que El Ereo habría tenido importancia ritual o espiritual para antiguos habitantes del territorio. Sin embargo, los testimonios orales, por sí solos, no permiten confirmar la naturaleza ni la antigüedad de esas prácticas.

    Lo interesante es observar cómo las experiencias recordadas por los pobladores se han integrado a una tradición que combina el paisaje, la memoria y las creencias locales.

    Una leyenda que continúa viva

    La importancia cultural del cerro también se refleja en actividades recientes. El 18 de noviembre de 2024, la Municipalidad Distrital de Tambogrande informó sobre la presentación de la obra teatral La Leyenda del Cerro El Ereo: Hogar de Espíritus Protectores.

    La puesta en escena buscó transmitir un mensaje sobre el cuidado del pueblo y de la naturaleza, y mostró cómo una leyenda local puede convertirse en una expresión artística para las nuevas generaciones.

    Este hecho no demuestra la existencia de espíritus, pero sí confirma que la leyenda del cerro forma parte de las tradiciones culturales que se siguen difundiendo en Tambogrande.

    ¿Misterio paranormal o tradición oral?

    Hasta el momento, las fuentes consultadas permiten documentar la existencia de relatos sobre luces, cantos y el carácter espiritual atribuido al cerro. No permiten verificar que se hayan producido fenómenos paranormales.

    Las luces podrían tener explicaciones naturales o humanas que no han sido investigadas suficientemente, mientras que los cantos pertenecen al ámbito de los testimonios recogidos. Distinguir estas posibilidades de los hechos comprobados es esencial para conservar la historia sin convertir las leyendas en falsas certezas.

    El cerro El Ereo recuerda que el misterio también puede estudiarse desde la cultura: las historias que las personas comparten revelan cómo interpretan su entorno y transmiten su memoria.

  • Lugares

    Cerro Nariz del Diablo: la leyenda del lagarto de oro que esconde Marcavelica

    En Marcavelica, provincia de Sullana, existe un cerro asociado a una de las leyendas más conocidas de la zona: la historia de un lagarto dorado que aparecería cerca de la medianoche y al amanecer. Según la tradición, quienes siguen su brillo podrían desaparecer entre las entrañas del cerro.

    Un cerro con una apariencia peculiar

    El Cerro Nariz del Diablo se encuentra en el distrito de Marcavelica, en la provincia de Sullana, región Piura. Su nombre se relaciona con la forma de su relieve, que recuerda a las fosas nasales de un rostro.

    Sin embargo, más allá de su apariencia, el lugar destaca por las historias que se han transmitido entre los pobladores. Entre ellas se encuentra la leyenda del lagarto de oro, un relato vinculado con las antiguas tradiciones del valle del Chira.

    El origen de la leyenda

    La historia se remonta a la época de los antiguos tallanes, pueblo que habitó esta parte del norte peruano. De acuerdo con la leyenda, el lagarto tenía un significado especial y habría sido representado en un ídolo elaborado con oro.

    Cuando llegaron los conquistadores españoles, los tallanes habrían decidido ocultar esta figura para evitar que fuera tomada. Un grupo de ellos habría trasladado el ídolo hacia el cerro mientras era perseguido. En ese momento, según el relato, un derrumbe dificultó el avance de los perseguidores y permitió esconder el objeto.

    Desde entonces, el supuesto paradero del tesoro quedó envuelto en el misterio. La historia señala que, pese a los intentos por encontrarlo, el ídolo nunca habría sido recuperado.

    La aparición del lagarto dorado

    La parte más inquietante de esta tradición es la supuesta aparición de un lagarto que brilla como el oro. Según una versión recogida por la Municipalidad Distrital de Marcavelica, la criatura se dejaría ver a las seis de la mañana y a las doce de la noche.

    El relato advierte que su brillo podría cautivar a quienes se encuentren cerca y conducirlos hacia el interior del cerro, del que supuestamente no volverían a salir.

    Así, el lagarto no representa únicamente la búsqueda de un tesoro perdido. Dentro de la leyenda, también funciona como una presencia misteriosa que atrae a los curiosos y convierte la ambición en un peligro.

    ¿Mito, tradición o misterio?

    No existen pruebas verificadas de que un lagarto de oro aparezca en el cerro ni de que las personas desaparezcan por seguirlo. La historia debe entenderse como una leyenda local, transmitida a lo largo del tiempo y vinculada con la memoria cultural de Marcavelica.

    Aun así, su permanencia demuestra cómo los relatos populares pueden transformar un paisaje en un lugar cargado de significado. El Cerro Nariz del Diablo no solo forma parte del entorno de Sullana: también conserva una historia que combina tesoros ocultos, antiguas creencias y una aparición que continúa despertando curiosidad.

    Quizá el verdadero misterio no sea encontrar al lagarto, sino descubrir cómo una historia puede sobrevivir durante generaciones.

    ¿Te atreverías a visitar el Cerro Nariz del Diablo de noche?

  • Lugares

    Canchamanchay: el lugar del silencio eterno

    En las alturas de Canchaque, provincia de Huancabamba, existe un lugar rodeado de montañas, neblina y antiguas historias: Canchamanchay.

    Ubicado en el caserío de Chorro Blanco, a más de 3,800 metros sobre el nivel del mar, este sitio conserva restos de un antiguo asentamiento y forma parte de las historias y tradiciones que todavía se cuentan en la zona.

    Pero lo que convierte a Canchamanchay en un lugar particularmente misterioso no es solamente su paisaje.

    Según un relato recogido por la Municipalidad Distrital de Canchaque en 2025, los pobladores de la zona cuentan que Canchamanchay habría estado habitado por los llamados gentiles, seres ancestrales relacionados con las montañas.

    La tradición cuenta diferentes versiones sobre su desaparición. Algunas hablan de un acontecimiento asociado a un rayo que habría destruido sus cuerpos y los habría unido simbólicamente con las piedras de las montañas. Otra versión sostiene que los gentiles habrían cruzado hacia otro mundo.

    Estas historias forman parte de la tradición oral de la zona y no deben confundirse con hechos históricos comprobados.

    La atmósfera del lugar también ha alimentado su carácter misterioso.

    Los relatos recogidos por la Municipalidad de Canchaque hablan de las antiguas piedras y ruinas cubiertas por la niebla, además de sonidos que algunos interpretan como ecos o antiguos cánticos que parecen surgir entre las montañas.

    Para algunos pobladores, los gentiles no desaparecieron completamente. Existe la creencia de que todavía permanecen vinculados al lugar y que, de alguna manera, continúan vigilándolo.

    Lo que sabemos con certeza es que Canchamanchay es un lugar de importancia cultural y que conserva vestigios relacionados con el pasado de la zona.

    Lo demás pertenece al terreno de la tradición, las creencias y los relatos transmitidos por generaciones.

    Y quizá ahí está precisamente lo más interesante.

    Porque cuando la niebla cubre las montañas y el silencio se apodera de las antiguas ruinas, queda una pregunta difícil de responder: